Sábado 24 de septiembre 2011

Cómo me intuía que pasaría esta semana o la próxima, la persona interna que visito ya no se encontraba allí. El chico fue expulsado el miércoles y yo me he vuelto con toda la pena del mundo de saber que otra persona más sin ningún problema para vivir en este país, con un hermano y su familia en situación regular y más de 4 años de residencia, de la noche a la mañana se le pone fin a esta etapa de su vida y se le manda para su tierra tras 30 largos días en el CIE. Triste, muy triste me ha dejado este caso.

Es un caso muy especial para mi porque, como os contaba, este chico vivía en el pueblo de mis padres y me lo he imaginado muchas veces por allí. Tenía la esperanza de poder encontrarme con él cuando saliera y yo fuera por allí. También es especial porque va a ser mi última visita por el momento al CIE. Esto también me pone muy triste pues es una labor que me ha enseñado mucho. Ya no dispongo del privilegio del tiempo y las dos tardes que tengo libres las voy a dedicar a otra tarea que me permite algo más de flexibilidad y con la que estaba comprometido también desde antes del verano. Seguiré entrenando a unos chicos del barrio de  Orcasitas que también me ilusiona mucho y siento que les aporta mucho pues son chicos con vidas no muy sencillas.

Agradezco enormemente a todos/as los/as que me habéis leído. No lo siento como una despedida pero si que va a suponer un parón a este primer pinito como bloguero. Espero lo mucho o poco que hayáis leído os haya ayuda a conocer un poco más de la realidad que viven muchas personas extranjeras que acaban en este centro de detención, por no llamarlo cárcel, y os haya movido algún pensamiento y un sentimiento por ahí dentro.

Hasta pronto. Un abrazo

Javi(enelCie)

Sábado 17 de septiembre 2011

La semana se complicó y no pude visitar como tenía previsto el CIE el miércoles. Primero lo pasé al viernes y luego al sábado. Me fui por la mañana confiado en lo que me contestó un policía al que pregunté días atrás sobre horarios de visita. Al llegar, el policía de guardia no me dijo lo mismo. Según mandato divino, el sábado a la mañana es sólo para abogados/as. Al final me tuve que dar la vuelta, con una mano adelante y otra atrás y volver a la tarde con el resto de familiares. Hay cosas que no se llegan a entender, como que durante la semana se permita la visita por la mañana de abogados/as y las ONG y el sábado sólo de los abogados/as. Los locutorios estaban totalmente desocupados, no sé qué abogado se animará a trabajar el fin de semana pero yo creo que algunos voluntarios de las ONG si podrían utilizar ese tiempo. Bueno, lo plantearé a mis compas por si es una batalla en la que merezca la pena meterse.

Noté al interno un poco molesto, con razón. Me dijo que me estaba esperando desde el miércoles. La verdad es que debería de tener más cuidado al confirmar mis visitas. Es curioso la cantidad de cosas que pueden surgir en las dos tardes que tengo libres y recordar por otro lado lo largo que puede hacerse la espera para alguien que tiene muy poco que hacer ahí dentro y no recibe más visitas que la mía. Han debido de sentirse muchas y largas las horas desde el miércoles hasta el sábado para este chico. Yo al final, buscaba mi hueco en la semana para “cumplir” mi promesa hacia él y compromiso de voluntariado con Karibu pero he de hilar más fino la próxima vez.

Hoy decidí bajar la cabeza cuando abrían las ventanas para no inmiscuirme en los pocos segundos de intimidad vigilada de que disponen las personas visitadas y las visitas. No pude evitar sin embargo observar en el locutorio de mi izquierda a una mujer en estado avanzado de embarazo y cómo su pareja le acariciaba la barriga con suma delicadeza. ¡Muy fuerte!!!!!!!!!!!!!!!

Al salir, caminando hacia el metro la chica me comentaba que ella era española, que estaba de 6 meses y que su pareja llevaba allí alrededor de 50 días. ¡Vaya crueldad!!!!!!!!!!!!!!!

MI visitado estaba tranquilo. Es una persona religiosa y creo que está muy confiado en que le dejarán salir. Espero que sea así. Yo ya le he escrito a su correo electrónico para reunirme con él si es el caso la próxima vez que vaya para el pueblo de mis padres. Como en mi primera visita vuelve a repetirme que nunca antes ha estado en un lugar así. Pareciera decir ¿qué he hecho yo para merecer esto? Pues eso digo yo.

Bueno, eso es todo por este sábado a la tarde.

Miércoles 7 de septiembre 2011

Siempre que enfilo la calle por donde se entra al CIE y veo a mi derecha esa puerta solitaria en medio del campo me digo a mi mismo que tengo que mencionar algo en el blog sobre ella. Es como si alguien se hubiera llevado una enorme casa del lugar y hubiera dejado un marco de puerta con dos pilares a cada lado. Pareciera una puerta de una casa antigua con mucha clase pero que ahí frente al CIE y sin nada detrás parece un poco fuera de contexto y de tiempo, aunque conserva su cierto tono de glamour.

Un día de estos me animaré a charlar con la chica que organiza la lista de espera para ver si me explico  el sentido de su presencia allí aunque hoy por primera vez la vi vender en pocos minutos unas cuantas  tarjetas de teléfonos que ofrece siempre a todo aquel que llega.

Hoy nos vino a buscar a la carpa de espera por primera vez un hombre de paisano que aunque agradable a la vista, por eso de no llevar traje de policía, no lo era en su trato. Se veía que no llevaba mucho tiempo en ello porque al subirnos y tomar la identificación lió el orden de las visitas y tuvo que venir otro, ya con traje, para ponernos en el lugar adecuado. No por ello el señor sin traje, pero con ropa, dejó de pasar la ocasión para echarnos la bronca por habernos desordenado.

Me sigue resultando muy duro el momento en el que abren la ventana para que durante unos segundos saludes físicamente a la persona interna. Me sienta mal mirar porque es una clara intromisión en la intimidad de las personas pero no puedo evitarlo, es como una forma de recordarme que el CIE duele mucho. No me sorprendió saber que la persona a la que iba a visitar ya no estaba allí, era la tercera vez que la visitaba y era cuestión de tiempo. Menos mal que iba preparado con un número en la recámara y con mucha, mucha habilidad y tacto conseguí que el no “trajeado” me hiciera el “gran favor” de sustituir un número por otro. Aunque me fui con la pena de saber qué le habría pasado a mi antiguo visitado, al menos pude aprovechar el viaje para acompañar a un nuevo interno.

Este nuevo joven llevaba más de 4 años en España, parece ser que con trabajo, y lo más curioso es que residía donde yo he veraneado toda mi vida, en el sur de España. Vaya sensación la de imaginármelo por ese lugar que tanto significa para mi y de verlo ahora ahí metido. El chico estaba bien y a la espera de algún trámite de su abogado en el que él estaba depositando mucha confianza. Espero que le vaya todo bien. Me hizo sentir útil al pedirme que llamara a su hermano y le pasar un mensaje.

Miércoles 31 de agosto 2011

Esta tarde llegué pronto y no había mucha gente esperando. Coincidí con una chica joven embarazada de 6 meses que con una entereza “preocupante” comentaba que iba a ver a su chico y padre de la criatura, porque le habían notificado que hoy le deportaban a Marruecos. Parece ser que el chico estaba feliz por poder salir de ese “agujero” que es peor que la cárcel y ella tenía claro que se iría detrás de él. Visto así no parece tan traumático pero me da a mi que en realidad si que lo es. Sólo había que presenciar cómo se abrazaban y besaban durante los 3 segundos que te permiten el contacto y la tristeza y las lágrimas que se llevaba la chica a la salida. Yo también lloré por dentro durante los segundos que duró la escena del encuentro. Resulta violento ver al policía que abre la ventana del locutorio y se convierte durante unos segundos en protagonista no invitado de ese momento de intimidad tan intenso. Resulta tan inapropiado que algunos, como el interno en el locutorio junto a mi, no sabían si abrazar a su pareja o no. En este caso el policía lo resolvió con naturalidad invitándole al contacto.

Lo que más me llama la atención de las visitas por las tardes es el momento en el que subes al CIE y esperas en una pequeña sala a que recojan tu identificación, salgan las visitas que están dentro y localicen a las personas internas a visitar. Es un espacio muy reducido y la carga emocional es grande. La gente siempre se ve en la necesidad de interesarse por las otras personas, sus casos, por aclarar algunas dudas que puedan tener, empatizar con el otro y consolarse mutuamente ante la injusticia compartida. Como ya comenté en otro momento yo me siento un poco incómodo en ese momento, como una especie de intruso que se cuela en el velatorio de un extraño. Me cuesta participar en las conversaciones, sólo escucho.

Muchas de las cosas que escucho en mis visitas me resultan difíciles de creer pero no sabría decir si son posibles o no. Esta chica embarazada comentaba que se había gastado 1.000 € en un abogado para nada. Lo que si me resulta fácil de creer fueron los comentarios de varios que decían que los habían detenido en la calle por la mañana cuando iban a trabajar. Las detenciones en el metro están a la orden del día. Yo que he trabajado en Avenida de América y ahora en Cuatro Caminos puedo contradecir a Rubalcaba y decirle que se cometen detenciones diariamente según los rasgos físicos de las personas. El que esté de acuerdo con Rubalcaba es que no se ha montado en el metro o no se entera de nada.

Siempre me extiendo sobre las cosillas alrededor de la visita y no dejo energía para escribir sobre las personas que visito. Bueno, este chico era la segunda vez que lo visitaba. La diferencia con mi primera visita es que llevaba una semana más de aburrimiento en el cuerpo. Sin embargo lo encuentro animado y preparado para cualquier desenlace. Me dice que habló con su familia para felicitarles por el fin de Ramadán. Fue un pensamiento triste el imaginar a la familia celebrando tal ocasión y él ahí metido a cientos de kilómetros. Me comentaba que aquellos internos e internas que seguían el Ramadán habían sido desplazados a otra parte del CIE y que bajaban a recoger su comida y la subían a sus estancias y las guardaban hasta la hora en que podían comerlas. No se cómo habrá sido en realidad el trato pero me agrada pensar que al menos han tenido en cuenta a estas personas y su costumbre.

Me resultó muy curioso que me dijera que se entretienen mirando los coches y las personas a través de la ventana cuando desde fuera sólo se ven las placas azules cubriendo casi la totalidad de las ventas. Bueno, el entretenimiento se ceñía a  la ranura que dejan las placas y que da para ver algo.

La verdad es que a diferencia de otras compañeras que están visitando a personas en un estado de ansiedad y preocupación considerable, este chico está muy tranquilo. Después de unos cuantos años en la cárcel, la espera no le resulta complicada.

Miércoles 24 de agosto 2011

Llegué esta tarde al CIE y me encontré con algunas personas bajo la carpa esperando su turno. Sorprendentemente había una mujer tomando la vez y ofreciéndote a la vez tarjetas de teléfono para los internos. Imagino que será un buen negocio para ella el estar ahí cumpliendo esa labor.

Me sorprendió que uno de los visitantes llevara una maleta de gran tamaño. Mi primera reacción fue pensar que para qué necesitaría una persona tanta cosa en el CIE, ni que se fuera a quedar a vivir allí. Más tarde descubriría que no era un equipaje para la estancia sino para el regreso. A ese interno le habían notificado que mañana se iba para su país de origen. La persona que llevaba la maleta no parecía muy impactada por ello. Leía su periódico deportivo con tranquilidad mientras esperaba. Cuando pasamos al locutorio, y estando cerca de mi, no pude evitar fijarme en el interno que en breves horas se iría de regreso a su país. A la salida escuché al familiar o amigo decir que el chico llevaba 3 años en España y tenía trabajo. No me da la cabeza para entender cómo alguien puede asimilar un cambio de situación como esta. Cómo de la noche a la mañana el destino, por no culpar a nadie, decide que tú te vuelves a tú país sin más.

Desde que voy por las tardes me acompaña el temor de encontrarme a una persona que no habla castellano, si es la primera vez que le visito, o que no esté ya en el CIE y que en sendos casos mi visita se convierta en un paseo infructuoso. Las mañanas en ese sentido eran más libres de este tipo de preocupaciones. Visitabas a los internos que el tiempo te permitiese. Hoy por ejemplo, no dejaron pasar a una visita porque la persona interna ya había sido visitada esa misma tarde.

Bueno, el chico al que visité fue tremendamente agradable. Era otro más de los que habían llegado en cayuco y había sido enviado directamente a la cárcel, de donde, pasados 3 años y medio, ha pasado al CIE. Era un chico muy agradable. Decía entender que no está bien llegar de forma ilegal al país pero que él sólo quería ofrecer a su familia una mejor vida. Tenía un hijo de 11 años y sólo quería sentirse libre y poder trabajar.

Me mencionó que era pescador, lo que me recordó a otro interno de los que visitaba antes de irme de vacaciones. Para mi sorpresa, me dijo que era un hermano suyo, no biológico, pero del mismo barrio y que había compartido cárcel con él. Fue muy emotivo porque apreciaba mucho a este otro chico y no pude despedirme de él pues fue liberado durante mis vacaciones. Creo que anda en contacto con algún otro hermano del interno que visito ahora y anda intentado buscarse la vida.

Viernes 20 de agosto 2011

Después de 3 semanas de vacaciones vuelvo de nuevo a iniciar las visitas al CIE. A partir de ahora tendré que hacerlo por las tardes pues he comenzado un nuevo trabajo. Las tardes están reservadas para las visitas de familiares por lo que el proceso es un poco menos ágil como veréis a continuación.

Antes de meterme a contar esta visita de hoy diré que he estado en comunicación con mis compañeros/as que seguían visitando el CIE durante mi ausencia y he sabido a través de sus correos que 2 de los internos que visitaba fueron deportados. En principio a países a los que ellos decían no pertenecer. El tercero, mi amigo “Tyson”, fue liberado. El compañero que lo visitaba me contaba en los emails que siempre preguntaba por mi y que me consideraba un hermano por ser la primera persona en haberlo visitado después de 4 años encerrado en distintos centros. Me alegro de que esté libre y siento no haber tenido la oportunidad de despedirlo como se merece. Espero la vida le de una oportunidad porque en estos encuentros he sentido que es un ser especial. No que los que no son especiales no se merecen oportunidades pero ya me entendéis.

Volviendo a mi visita, en primer lugar para acceder al CIE en horario de tarde hay que respetar el orden de llegada. Yo iba preparado para sentarme un buen rato y esperar mi turno pero por fortuna, no se si por ser viernes o agosto, justo llegar subía un grupo con un policía al que me uní. Primera prueba superada. Las sensaciones son totalmente distintas a las que sientes durante las visitas mañaneras. En este caso estás acompañado por familiares y amigos/as de las personas internas y lógicamente la carga emocional que se siente es bien diferente. Por las mañanas, subía yo sólo, entraba y veía a los internos que quería y apenas había algunos otros voluntarios o voluntarias y algún abogado pululando por el locutorio. En esta visita tenía junto a mi a personas preocupadas por tener a un ser querido encerrado ahí dentro sin saber lo que le va a pasar. Había una mujer con dos niños pequeños que iban a visitar a un sobrino, una chica joven a su novio, un hombre a su mujer o pareja, un joven que visitaba a su hermano después de recibir una llamada de su madre para informarle que estaba detenido. Mientras esperamos que localicen a las personas internas, compartimos una pequeña sala con unos bancos que algunos aprovechan para interesarse por los casos de los demás, compartir algunas dudas y construir una queja virtual conjunta: ¿por qué está esta gente aquí metida? Las personas que hablaban sobre sus casos mostraban internos que llevaban más de 5 años en España, algunos con trabajos, con relaciones estables, etc. Yo la verdad me sentía un tanto incómodo por ser el único que no sentía ese sufrimiento tan personal por alguien cercano.

En los 10 minutos de espera, uno de los temas de conversación que surgió fue acerca de los objetos que podían ser entregados a las personas internas. Una de las chicas, que se veía ya rodada en esto de las visitas, apuntó a un letrero en la sala que respondía a esta pregunta. El listado era de lo más lógico, comidas, objetos punzantes, mecheros, etc, y el último apartado rezaba literalmente “cualquier objeto que pueda generar duda”. Yo pensé que lo podían haber puesto el primero y ahorrarse el resto. Es una de esas clausulas que ponen en los contratos que deja puerta abierta a hacer lo que se quiera.

Bueno, finalmente entramos a los locutorios. Me sorprendió, no se por qué, ver a algunos policías que conocía de mis visitas anteriores. Entiendo que porque yo me haya ido de vacaciones 3 semanas no han de cambiar al grupo de policías a cargo, pero aún así me sorprendió. En cierta forma me agradó, pareciera que a pesar del descanso yo no había perdido mi antigüedad.

A continuación, comenzó otro ritual nuevo para mi que fue el de comprobar que todo lo que las personas visitantes van a pasar entra dentro de lo permitido. Una vez más me sentí un tanto incómodo. Presenciar la estampa de un policía abriendo todo lo que se puede abrir y tocando todo lo que se puede tocar en busca de algo “ilegal” no es algo que me produzca placer. Me sorprendió la cantidad de ropa que la chica de la cabina de al lado le traía a su novio. Tenía una camisa para cada día de la semana. Espero que no las tenga que utilizar todas y pueda salir pronto. No me puedo imaginar el palo que supondría para esta pareja si deportaran a este chico. No pude evitar observar con que cariño se besaban en los pocos segundos que abren la mampara para que te saludes.

Así es, a diferencia de las mañanas, por la tarde sólo puedes saludar y tocar a la persona durante unos segundos y luego cierran la mampara y tienes que hablar por un teléfono. Esto de por si bastante “cortante” a mi me resultó doblemente traumático. Los compañeros me había pasado el número de este interno que al estar frente a mi me miraba con cara de ¿quién eres tú? y ¿qué haces aquí? En los pocos segundos que tuve para estrechar su mano y presentarme me di cuenta que hablaba tanto español como yo francés. Así que nos cerraron la mampara y a través de un teléfono intentamos comunicarnos, o más bien jugar al Pictionary. Como podéis imaginar la conversación no fue fluida. Justo alcancé a saber el país de origen, que lleva 3 semanas ahí dentro y que es la primera persona que le visita. Pobre chico, menuda primera visita. Le dije que en breve buscaría a alguien para que su segunda no fuese tan poco productiva. Vamos a ver si encontramos a alguien que domine el francés y se pase a visitarlo.

La verdad es que la experiencia de la tarde, siendo más tediosa, te aporta una visión mucho más humanitaria y realista de lo que pasa alrededor de las detenciones. Las visitas de la mañana son un tanto asépticas, faltas del componente humano tan importante para entender todo este proceso de detención y expulsión de las personas internas y cómo esto afecta no sólo a la persona en si mismas sino a todo su entorno. Estoy contento con la posibilidad de poder seguir con las visitas aunque sea por la tarde y una vez por semana. Hasta la próxima. Gracias por leerme.

Miércoles 20 de julio de 2011

Hoy es un día de “mixed emotions” que en castellano sería algo así como día de emociones encontradas, ya veréis durante me relato por qué.

Comienzo con algo que me hizo muy feliz ayer. Me encontré a la salida de Karibu con uno de los chicos a los que había visitado en unas cuantas ocasiones. Le habían puesto en libertad unos días atrás y estaba buscándose la vida y tirando de contactos. Fue emocionante reconocerlo según íbamos caminando por la calle. Tardas unos segundos en cuadrar la escena. Aunque llevaba la misma ropa que en el CIE, no me podía creer que era él el que caminaba hacia mi. Cambiamos unas cuantas palabras y después de un buen abrazo de despedida y de tocarme el corazón con la mano derecha como él me había explicado, le deseé lo mejor. Pensé que sería muy bueno seguirle la pista pero como tantas otras veces en la vida reconozco que va a ser imposible.

Hoy visité el CIE en compañía de un voluntario de SOS que me echó una mano con un interno que sólo hablaba francés. Era su primera vez y me sentí muy feliz de poder “iniciarle” en esto de las visitas y de haber podido tan fácilmente encontrar colaboración en otras organizaciones. Fue cuestión de horas mandar un correo solicitando a alguien con francés para visitar y tener la visita organizada con este chico. ¡Qué maravilla!

Hoy todo el mundo andaba un poco alterado. Sabían que mañana salía un avión para África, así lo llamaban los internos. Por lo que puedo entender y algo que he leído debe de ser como un vuelo charter que va repatriando a gente por distintos países. Uno de los que visitamos recibió del juez el lunes su orden de expulsión y tiene claro que vuelve a su país mañana muy a su pesar. Fue muy duro saludarle y hablarle sabiendo que mañana ya no estará aquí. Por fortuna para mi, este chico no era de los que yo visitaba y la pena mayor la ha tenido que sentir mi compañera que lo ha estado visitando durante las últimas semanas. Yo no se si todos/as los/as que son expulsados/as tienen orden del juez, imagino que si, pero aún los/as que no tienen esta orden están “acojonados/as” hasta que pase el día del vuelo a África, que en verdad es lo más parecido a un vuelo a un continente entero.

Los internos que visito son todos veteranos, llevan más de 20 días encerrados y los he visitado en alguna ocasión. Todos están dejando el tiempo pasar con la esperanza de que les suelten pronto. Una vez más me emocionó el chico del cuerpo “Tyson” cuando respondiendo a mi pregunta de qué le gustaría hacer cuando saliera de ahí, me dijo que le gustaría encontrar trabajo y una vez asentado ayudar a otra gente que estuviera en necesidad como hago yo ahora. Tiene mucho mérito pensar en eso cuando toda tu estancia en España la has pasado encerrado entre rejas. También me sorprende su buen castellano. Le felicito por ello y me comenta que lo aprendió en la cárcel junto a otras distintas ocupaciones, manipulador de alimentos, alicatador…se ve que es como una esponja y está deseoso de aprender. No sólo habla castellano muy bien sino que también domina el árabe y el francés. A pesar de tener menos de 30 años ha trabajado 15 años de marinero, quizá eso explique el volumen de su espalda y bíceps, ¡impresionantes¡ aunque cada día me doy un poco más de cuenta de que su alma no es menos grande que sus músculos

Hoy he tenido la cabeza un poco espesa durante la visita porque había estado en una entrevista de trabajo el día anterior y me olía que me iban a ofrecer el trabajo, como así ha sido. Es claramente un motivo de celebración, con la que está cayendo, pero me apena tremendamente tener que dejar esta iniciativa que tanto me aporta. Espero poder dedicarle alguna tarde a seguir con ella. Os mantendré informados/as. También era un día de despedida porque marcho de vacaciones este sábado durante 3 semanas y lógicamente no voy a volver a estos chicos casi con toda seguridad. No me sentí muy bien al decirles que no podría visitarles porque iba a estar fuera cuando ellos iban a estar dentro. Bueno, como dije al principio, un montón de distintas emociones cruzándose en mi interior. Yo de momento me despido. Espero y deseo volver en agosto y contaros algo más sobre esta gente ahí encerrada. Buen verano a todos/as.

Viernes 15 de julio de 2011

Andaba hoy un poco remolón con lo de escribir sobre mi experiencia en el CIE, aunque tengo mucho que contar, pero acabo de ver que tengo dos primeras suscripciones al blog y eso me ha animado. Espero la información os resulte a todos/as interesante.

Hoy había jaleo en el CIE. Ayer llegó una patera con alrededor de 40 personas y allí estaban todas. Un policía con el que ya he coincidido unas cuantas veces y a quien sin duda voy a nombrar policía más amable y servicial del año,  andaba disculpándose por la tardanza en localizar a los internos que iba a visitar. El médico andaba ganándose su sueldo pasando revisión, la Cruz Roja de aquí para allá, y una chica que como si de una película se tratara pasaba una y otra vez frente a mi seguida por una persona de color, primero todo mujeres y luego todo hombres. Hablando con la señora del locutorio próximo a mi encontré la razón de tanto paseo. Ella trabajaba para el SOJE, no se si ya lo he comentado pero es el Servicio de Orientación Jurídica a Extranjeros del Colegio de Abogados, y están allí lunes, miércoles y viernes asistiendo a los y las internas. Normalmente están en un cubículo junto al de Cruz Roja pero en esta ocasión estaba siendo utilizado por el cónsul de un país africano que estaba reconociendo a todos los internos o internas que pasaban frente a mi tras la chica para saber si pertenecían a su país o no. Es un país que debe llevarse muy bien con España pues ya me han mencionado en más de una ocasión en el mes que llevo visitando que ha pasado para realizar estas ruedas de reconocimiento. Esta situación provoca distintos pensamientos en mi cabeza. Por un lado me planteo la labor del cónsul intentando identificar a sus conciudadanos con la única intención de devolverlos a su país en contra de su voluntad. ¿Encontrará algún placer en ese trabajo? ¿Lo asumirá como una obligación de su cargo y “pa lante”? ¿qué tipo de preguntas haría yo para ver si una persona es o no de mi nacionalidad? Entiendo que sería más fácil demostrar que una persona es o no de la nacionalidad que dice ser y no intentar demostrar que una persona es de una nacionalidad que no quiere ser. No se si me seguís…

Por otro lado está el ciudadano de una nacionalidad que se empeña en demostrar que no lo es porque sino sabe que tiene muchas posibilidades de ser devuelto. Esto, como ya expliqué antes por los famosos acuerdos bilaterales de repatriación con ciertos países.

Bueno, hoy me estoy enrollando pero es que tengo la cabeza llena de ideas que quiero compartir. Mi primer visitado es una persona que se contactó desde el CIE con Karibu el día anterior. Es la primera vez que en mis visitas, ya se que no llevo tanto tiempo visitando, me encuentro con el problema del idioma. Este chico hablaba francés y yo no. No tardó un segundo en ir a buscar a alguien para que tradujera. La verdad es que fue muy emotivo ver a esta persona, que estaba esperando para ver al cónsul, imagínense que situación, ayudando a este otro interno a comunicarse conmigo. No sabía como agradecerle lo suficiente su gesto y desearle la mejor de las suertes. Después de intercambiar algunos datos básicos y ver que su situación no era desesperada acordamos que fuese algún/a otro/a voluntario/a con habilidades lingüísticas de las que carezco, lo antes posible por ahí para charlar con él.

Mi siguiente visitado también era la primera vez que lo veía. Se genera siempre una cierta tensión positiva a la hora de conocer  a un nuevo interno o interna. Me concentro para  presentarme adecuadamente, hacer sentir a la persona relajada y confiada, conectar con él o ella, recoger cualquier información que pueda ser útil para facilitarle la vida allí dentro o simplemente para conocerlo/a mejor. Este segundo interno era lo más parecido al boxeador Tyson con el que me he encontrado. Sus brazos y espaldas eran 4 veces las mías. ¡Vaya cuerpo! Tras el cuerpo encontré una persona de lo más cálida y entrañable del mundo. Desde su llegada en cayuco pasó directamente a la cárcel y después de casi 4 años al CIE. No encontraba las palabras en su buen español para definir lo que sentía por mi visita. Era la primera vez que alguien después de todo este tiempo le visitaba. Yo pienso que él estaba medio emocionado al decir eso pero yo os puedo asegurar que tenía un nudo en la garganta de tres pares. Me entraron unas ganas de darle un abrazo enormes. No se por qué me contuve. Cosas de la educación esta que he tenido y que habría que mejorar. La verdad es que no quería hablar demasiado, sólo estaba preocupado por qué hacer a la salida y le dije que estuviera tranquilo en Karibu podía encontrar un apoyo cuando saliese. Creo que eso le ayudo muchísimo y es lo que buscaba.

El siguiente venía directamente de ver al cónsul. Estaba bastante apesadumbrado el hombre. Le pregunté qué tal le había ido con el cónsul y me dijo que bien. Que él no era de ese país y el cónsul lo había reconocido así. Nuevamente me encontré con un chico que después de estar 3 años en prisión y con la esperanza de salir lo llevan directamente al CIE. Creo que no he dicho que la mayoría de estos casos en los que la gente recién llegada cumple condena es porque son acusados de ser los patrones de la patera. Nuevamente el hombre estaba devastado después de haber esperado la libertad durante todo este tiempo y verse metido de nuevo ahí. De hecho, él comentaba que hubiese preferido seguir en la cárcel estos días en lugar de pasarlos en el CIE. Es realmente duro pensar en la vida de esta persona que deja atrás familia, mujer e hijos/as, para buscar alguna oportunidad mejor para ellos/as y se pasa todo este tiempo encerrado sin posibilidad de nada. Cuando estoy frente a estas personas, en muchos casos, se me va la vista a sus brazos, la mayoría de ellos del tamaño de mis piernas y pienso nuevamente que es una pena que una persona con ganas de trabajar y con esa fuerza no tenga la oportunidad de desarrollarse. Triste, muy triste.

Bueno, acabo que me tengo que ir de finde. Terminé mis visitas con otro chico al que ya había visitado y al que le veo bien. Como todos, dejando pasar el tiempo y esperando ser liberado.

Miércoles 13 de julio de 2011

Visito a tres internos que ya he visitado con anterioridad. La conversación con los dos primeros me hacen sentir que es una pena que no haya estudiado para ser abogado. Me cuentan sus complejas historias y no se muy bien cómo ayudarles. Estoy volviendo loca a la abogada de Karibu que hace todo lo posible por orientarme pero siento que no avanzo demasiado. Quizá es que no se pueda avanzar.

Siempre suelo comenzar las entrevistas con la típica pregunta de ¿Qué tal? ¿Cómo sigues? Y la respuesta es prácticamente la misma hasta ahora: “este no es un buen sitio para estar” Son gente joven, con ganas de vivir, trabajar y progresar y están encerrados sin nada que hacer. Hoy desperté a uno de ellos y eso que llegué a las 11.30. Le pregunto si no duerme por las noches y me dice que si, que duerme de noche y de día, que no hay más que hacer. Cómo hay mucha gente para estar en el patio conjuntamente unos salen por la mañana y otros por la tarde por lo que medio día lo tienen que pasar en sus habitaciones.

Con el tercero conecto mejor, es de fácil palabra, y cualquier tema fluye. Siempre ha sido una de mis mayores satisfacciones hacer reír a la gente, creo que sería una profesión muy, muy digna. Hoy nos hemos reído un poco ambos sobre no se qué chorradas.

Hoy le comenté a este chico que me agrada mucho que cuando se despiden me dan la mano y luego se tocan el corazón. Tengo curiosidad por saber qué sentido tiene y me dice que no es religioso, más bien una costumbre africana que muestra cercanía, agradecimiento sincero que sale del corazón. Me gusta pero no se si yo no siendo africano debo replicarlo. Lo preguntaré.

Por último, una cosa que me llamó la atención de lo que me comentaba este último interno, al que ya he visitado en 4 ocasiones, es que en una de sus múltiples conversaciones dentro del centro con compañeros se cuestionaban que cual sería el primer país en haber encerrado a una persona y hacerla prisionera. Mi interlocutor no tenía dudas de que el honor le correspondía a Egipto.

Viernes 8 de julio de 2011

Hoy si que pude escuchar con claridad un chico en el camino desde la estación de Aluche al CIE vendiendo empanadillas mexicanas a 1 euro. Es que salir en la estación de Aluche estos días con 35 grados, el tráfico y la gente vendiendo en la calle es lo más parecido que hay a la capital de México.

Sigo encontrando novedades cada vez que llego al CIE. Hoy entro de nuevo por la puerta lateral y me encontré un policía en una mesa que me pone una pegatina de visitante. Pienso que es uno de esos trabajos con un nivel de exigencia mínimo y que cualquiera que decide ser policía es lo más lejano que se imagina o quiere hacer. Eso sí, al salir me recogió la pegatina con especial dedicación. Será para que no la ponga en la reventa y entren por ahí otros y otras sin registrarse y pongan la seguridad del CIE en riesgo.

He visitado a 3 internos hoy, uno de ellos ya veterano y dos nuevos que el primero me pasó en la visita anterior. Antes de meterme en faena con el día quería comentar que uno de los internos que visité el martes por la mañana y que llevaba más de 50 días dentro apareció en Karibu por la tarde, obviamente porque le habían liberado. No se si algún interno se ha escapado del CIE con anterioridad. Me sorprende saber que el chico salió disparado en bus a la otra punta de España cuando durante mis visitas pasamos un montón de tiempo hablando de lo que podría hacer en Karibu, de visitar el Santiago Bernabeu, de mirarse la rodilla que le dolía, de buscar un equipo de fútbol en Madrid, de vivir con un amigo en esta ciudad, etc. Te quedas con la sensación de qué no sabes cuánto de lo que te decía era verdad o si simplemente los planes para personas en estas situaciones cambian tan rápidamente. Aunque no me agrada pensar que después de unas cuantas visitas todavía desconfiaba de mi, intento encontrar una justificación. Yo, siendo del género masculino, esto de buscar justificaciones no son un problema, jeje.

Volviendo a la visita de hoy. Por primera vez me he quedado sin tema de conversación con el interno al que ya he visitado en varias ocasiones. A pesar de ser un chico muy abierto y social, de hecho hoy me ha pasado otros dos números de internos para visitar, después de conocer su historia personal me resultó complicado encontrar temas en los que conectar. Siempre me da mucha pena no conocer absolutamente nada de los países de los que provienen pero tampoco se si es algo de lo que quieran hablar y si les haría bien o mal recordar. Imagino que cada uno será diferente. De momento, las veces que he intentado saber más de sus países no he sentido que querían hablar de ello.

Como digo, este chico es muy sociable, creo que Karibu debería de empezar a pagar una comisión por el número de nuevos clientes que nos proporciona. Los otros dos nuevos casos eran personas con un historial legal “complicado”. Quieren que les ayude con sus procesos y me siento bastante impotente. No se muy bien lo que las abogadas de Karibu podrán aportar pero claramente eso es lo único o, desde luego prioritario, que buscan y necesitan. La verdad es que escuchando las historias de vida de estas personas me hacen sentir que he llevado una vida muy normalita y eso que soy un “tío viajao”. Los dos han pasado por prisión, uno de ellos lleva 20 años en España. Uno teme volver a su país porque un familiar le va a matar por vender su taxi para llegar a España. Al otro le pillaron con un documento de identidad con su foto que pertenecía a otra persona y ahora no sólo tiene otro nombre sino que es originario de otro país. Pienso… interesante el trabajo de los abogados y abogadas de extranjería que tengan que defender a estas personas e intentar buscar pruebas para todo lo que dicen. ¡Mama mía!